
Un día es lo que duraron las más de 10.000 entradas que se pusieron a la venta en diciembre de 2018 para el que sería el último concierto de Berri Txarrak. Los navarros anunciaban por sorpresa unos días antes que se retiraban por tiempo indefinido, fruto del agotamiento físico y mental que arrastraba Gorka Urbizu, único miembro fundador en la formación actual. El de Lekunberri lleva más de 25 años y más de mil conciertos (1.025) con el del sábado en el Navarra Arena, con todo lo que eso conlleva y, aunque no ha dado pistas sobre el futuro, todo apunta a que continuará su camino creativo en solitario. La decisión estaba tomada, por lo que faltaba por anunciar la gira de despedida. En ella han pisado Estados Unidos, Canadá o los gaztetxes que los vieron crecer, u organizando un concierto especial en Kobetamendi al acabar el BBK, donde invitaron a otros artistas, como Aitor de Su Ta Gar, Toni de Los Chikos del Maíz, Anari o Aiora de Zea Mays.
Si el viernes el ambiente era de fiesta y celebración por las calles de Pamplona, el sábado aún más. Cuadrillas enteras llenaba las calles y los bares, donde el uniforme oficial eran las camisetas y más camisetas de Berri Txarrak que se veían, hasta que a media tarde empezó la peregrinación hasta el Navarra Arena. Una vez allí, se vislumbraba lo mismo: caras expectantes ante la despedida que se aproximaba. Nadie quería que ese fuera el último concierto, pero todos lo sabíamos, y todos estábamos deseando disfrutarlos.
Ya dentro Lehiotikan fueron los encargados de calentar al público. Guitarrazos y distorsión a ritmo de un punk perfecto para calentar al personal. Mientras, el Navarra Arena cada vez acogía a más gente, ya fuera por los que estaban en el puesto de merchandising, en las barras, en las gradas o los afortunados que estábamos en pista. El ambiente se caldeaba, como la calma que precede a la tormenta, y la gente se iba haciendo a la idea de lo que se avecinaba. Y lo que venía no era ni más ni menos que una ametralladora de himnos. 25 años de carrera y nueve discos de estudio son los números de la carrera de los de Lekunberri, y resumirlos en su último concierto no era tarea fácil. Desde el álbum homónimo de 1997 al Infrasoniuak de 2017 repasaron canciones como Spoiler!, Katedral Bat, Oreka, Jainko Ateoa, Bueltatzen o Jaio.Musika.Hil, uno de sus temas bandera y que resume su filosofía. Todos eran coreados, en todos se saltaba y en todos la cara de expectación era la misma.

Acostumbrados a un Gorka Urbizu de pocas palabras, sus ojos y sus dedos sobre la guitarra lo decían todo sobre el escenario. A su lado, un David pletórico que no para de moverse, tirarse al suelo o dedicar miradas al público, tanto de la pista como de la grada. Y ya detrás, sobre una batería transparente, Galder dando todo el ritmo al concierto. Algunos de los momentos más especiales llegaron con Eskuak, o Iraila, interpretados por un Gorka solo sobre las tablas. Maravillas, canción dedicada a Maravillas Lamberto, asesinada durante la Guerra Civil con 14 años, puso el broche más intimista de la noche, con todo el recinto sosteniendo sus móviles con la linterna y envolviendo el ambiente en una atmósfera mágica.
En este tiempo incluso dio tiempo a versionar Toro, de El Columpio asesino, y a agradecer por parte de la banda a toda esa gente de fuera de Euskal Herria que se acercó a verles y a apoyar a las minorías y una lengua como el euskera.
Con algo más de medio concierto completado, cuando la formación lleva algo más de hora y media, abandona las tablas. Esto ya es algo habitual en cualquier banda y todo el mundo sabía que iban a volver con los bises, pero mientras, los backliners colocaban más micros y monitores, por lo que la expectación era aún mayor. De repente, Gorka sale a escena y presenta a “unos viejos amigos”, nada más y nada menos que Aitor Oreja, Aitor Goikoetxea y Mikel López Rubio, miembros originales de la banda. Bajo estos cuatro músicos sonaron algunos de los temas pre-trío más conocidos y más cañeros, como Ikasten o Stereo.
Denak ez du Balio y Oihu fueron las encargadas de cerrar la velada, con David y Galder de vuelta al bajo y batería. Los dos son sus temas más pedidos, por lo que el final era inminente y así fue. Un último acorde y, de golpe, todo se acaba. Backliners, y encargados del concierto y del equipo de la banda fueron invitados al escenario para una última foto a la vez que sonaba Ob-La-Di Ob-La-Da de los Beatles, con el que han cerrado los conciertos de la gira. Mientras, aplausos y más aplausos; sonrisas y lágrimas y, cómo no, un público que no quería irse. 11.500 borrachos a quienes habían dado las luces de la discoteca, pero que no estaban dispuestos a irse de la fiesta, sabían que era la última; 11.500 aficionados del mismo equipo que abandonaban el estadio tras una final que para unos era una victoria y para otros una derrota. Sea como fuere, el suelo estaba lleno de confeti, la gente salía cantando y el vacío que dejan en sus fans será difícil de llenar. Ikusi arte, Berri Txarrak.
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